Los que trabajamos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con el fin de erradicar la enorme desigualdad entre la población mundial, no solo con respecto a su acceso a los recursos sino también en relación a sus derechos como personas, somos conscientes del cambio de paradigma que significa su aplicación. Los valores éticos que subyacen en la Agenda 2030 de la ONU requieren la adopción de un enfoque sistémico, por ende colaborativo, ya que es muy difícil concebir actividades que no tengan efectos en los SDG en su totalidad.

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