La complejidad creciente de nuestras sociedades demanda cerebros entrenados en la capacidad de responder con la debida prudencia y deliberación ante los juicios morales, cada vez más intrincados.
Es deber de todos plantearnos el desarrollo de sociedades, organizaciones…. más justas y equitativas donde nuestros vínculos emocionales no desequilibren la balanza en favor de quienes consideramos nuestros “cooperadores” y en detrimento de los otros, a quienes identificamos como “extraños”.